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La
institucionalización de la pedagogía: Análisis
historiográfico de tres tendencias
(Cremin, Lobrot, Foucault)
Jorge
Enrique González R.*
Resumen
Cabe
preguntarse si la temática de las instituciones educativas
conduce de manera inexorable aun tratamiento historiográfico
obsoleto, que intentaría limitar la historicidad de la Pedagogía
y la Educación aun planteamiento descriptivo sobre algunos
de sus aspectos más evidentes: la existencia de ideales o
corrientes pedagógicas, la promulgación de políticas
estatales para el sector educativo, o si por el contrario estamos
frente a la necesidad de elaborar conceptua1rnente un aspecto de
la realidad educativa de tal manera que permita el análisis
y la acción.
El
supuesto sobre el cual se edifica este examen consiste en el reconocimiento
de la estrecha filiación entre las concepciones historiográficas
acerca de la educación y el planteamiento de pautas de acción
para la construcción de la vida cotidiana en las diversas
situaciones educativas. En otros términos, el propósito
de este examen va en la dirección de mostrar la vigencia
de hacer coherente nuestro quehacer educativo, con nuestras concepciones
acerca de cómo presentar las reconstrucciones del pasado
de la educación y la pedagogía.
El
criterio de selección de los casos gira en tomo a la presencia
de un tratamiento de tipo historiográfico acerca de la institucionalización
de la pedagogía. Los casos seleccionados mostrarán
una heterogeneidad en cuanto se refiere al trabajo historiográfico
de investigación, en particular, aquellos asuntos relacionados
con el oficio del historiador (selección de fuentes, análisis,
periodizaciones, concepción del objeto de estudio, concepciones
sobre el conocimiento científico), pero, para los propósitos
de este escrito, son homogéneos en tanto ofrecen un examen
de los fenómenos de institucionalización en la educación
y se pueden hacer explícitas algunas de sus principales coordenadas
sobre el trabajo educativo.
En
primer término se examina el trabajo de Lawrence Cremin "The
American Educacion: The metropolitan experience: 1876-1980"; donde
aparece una muestra de la forma como este autor incorpora al trabajo
de reconstrucción, el aporte conceptual de la Antropología
y la Sociología, en especial, en lo que hace referencia al
tratamiento de la cultura.
Se
presenta el concepto de "Paideia Americana" (American Paideia),
utilizado por el autor para desarrollar su exposición. En
este aparece el papel de las instituciones como el de los instrumentos
que permiten plasmar los ideales de la generación que educa.
Para
ilustrar los planteamientos de Cremin acerca de la educación,
se recurre a la reconstrucción de algunos de los principales
aspectos de la Historia de la Educación en los Estados Unidos,
para mostrar la controversia entre los historiadores profesionales
y los educadores profesionales.
En
segundo término se presenta la forma como Michel Lobrot utiliza
una perspectiva histórica y algunos elementos historiográficos
para construir su propuesta de "Pedagogía Institucional".
La evaluación de los aspectos pertinentes del libro "La Pedagogie
Institutionelle: l'ecole vers l'autogestion" permite este propósito,
que es complementado con la exposición de los principales
rasgos de la práctica pedagógica desarrollada por
Lobrot.
Finalmente,
la exposición y análisis de la concepción más
elaborada de M. Foucault sobre las sociedades modernas, es la vía
que facilita el acceso a la manera como este autor lleva a cabo
un estudio sobre la institución escolar. El análisis
se esfuerza en mostrar el significado de esta y otras instituciones
que son escogidas por Foucault para su propósito de descubrir
los mecanismos disciplinarios sobre los cuales funciona la "Sociedad
Carcelaria".
Para
terminar este trabajo, se preparan algunos interrogantes acerca
de las implicaciones de las profundas convicciones de la concepción
de Foucault, para la estructuración de un modo de acción
en la vida institucional de la educación.
I.
En el término de la historiografía académica
estadounidense, el trabajo de Lawrence Cremin es ampliamente reconocido
y aceptado. Se trata de uno de los miembros de una generación
de historiadores que se dedican de manera específica al campo
de la educación, aportando sus particulares enfoques conceptuales
y nuevas tendencias metodológicas.
Es
obligado indicar que el terreno de la historiografía de la
educación en Estados Unidos se encuentra desarrollado de
una manera significativa, en relación a la corta y poco fértil
tradición que en este campo se encuentra en otros países.
A pesar de que el trabajo académico y sistemático
de la historiografía de Estados Unidos es relativamente tardío
-sólo hasta 1884 se funda la American Historical Association
A.H.A. (véase respecto a estos puntos Handlin, O. Una historia
de la historia de los Estados Unidos. En Handlin, O. La verdad en
la historia. México: F.C.E.}-, respecto a lo ocurrido en
países europeos como Francia, Alemania, Inglaterra, Italia,
el grado de continuidad y la organización del sistema universitario
en esa nación ha permitido un significativo desarrollo de
este campo del conocimiento. Los caminos seguidos por la historiografía
de la educación acompañan las vicisitudes propias
a la formación del historiador en ese país ya nivel
internacional; los conflictos entre los partidarios de una historiografía
romántica y épica, opuestos a las tendencias de profesionalización
de la labor del historiador; las controversias entre quienes juzgan
a la historia como una disciplina autónoma y autosuficiente,
frente a quienes reconocen la imperiosa necesidad de la colaboración
disciplinaria. A este panorama debe añadirse una circunstancia
particular de la historiografía de la educación, que
consiste en las disputas al interior de los programas de formación
de educadores en cuanto a la importancia o insignificancia de este
campo para el desarrollo de los propósitos de esos currículos.
En
este contexto, las primeras obras de Historia de la Educación
en Estados Unidos aparecen al finalizar el siglo XIX (la obra de
Richard G. Boone "Education in the United States" (New York: Appleton,
1889), y al comienzo del Siglo XX (el trabajo de Edwin Gran Dexter.
"A History of Education in the United States" New York: Mac Millian,
1904); estos trabajos iniciales han sido caracterizados por S. Cohen
y otros. Analistas como cronologías y compilaciones de hechos,
abundando acerca de las Instituciones educativas, las leyes y los
códigos administrativos (Cfr. Cohen S. The History of the
History of American Education 1900-1976: The uses of The Past. Harvard
Educational Review Vol. 46, 3, August 1976).
Posteriormente
aparece el libro de Ellwood Patterson Cubberly "Public Education
In The United States" (Boston: Houghton And Mifflin, 1919), con
el cual se inaugura formalmente la historiografía de la educación
de corte académico, es decir con claras vinculaciones al
rigor y los análisis científicos. La pregunta por
la utilidad de este tipo de trabajos será una de las constantes
en las sucesivas décadas de este siglo, cuando de manera
periódica aparecen las críticas al papel de la Historia
de la Educación en la formación de educadores.
Me
propongo iniciar un análisis de la producción historiográfica
de L. Cremin, enfocando la atención de manera particular
en una de sus últimas obras: "America Education: The Metropolitan
Experience 1876-1980" (New York: Harper and Row, 1988), en cuanto
hace referencia a su tratamiento de las instituciones educativas.
Este libro es la parte final de un proyecto monumental acerca de
la educación americana, del cual se conocen el volumen I
"The Colonial Experience 1667-1783" y el volumen n "The National
Experience 1783-1876" (ambos en New York: Harper and Row).
Si
tomamos en cuenta que la concepción de Cremin sobre el trabajo
historiográfico, forma parte de una corriente nueva que analiza
su objeto de estudio con la ayuda de otras disciplinas, se comprenden
las razones que conducen a este autor a definir su enfoque a partir
de la crítica de las formas tempranas de la historiografía
de la educación en Estados Unidos. Según su concepto,
compartido con el de otro destacado historiador de la educación
R. Freeman Butts, esta fue "Una síntesis informativa de hechos
relacionados con el desenvolvimiento de las escuelas, su organización,
administración, curriculo y métodos; pero prestaba
relativamente poca importancia al papel de la educación en
lo social y lo cultural". (R. F. Butts y L. Cremin "Historia de
la Educación en la Cultura Norteamericana" Buenos Aires:
Ed. Bibliográfica Argentina, C 1953, p. 18). Todo parece
indicar que esta crítica se dirige principalmente a los trabajos
de los pioneros y la primera generación de historiadores
de la educación en Estados Unidos. En contraste, Cremin y
Butts se proponen remediar las fallas de estos, "recopilando las
concepciones más nuevas que han venido a caracterizar las
modernas publicaciones y enseñanzas en el campo de la Historia
y de la Historia de la Educación". (op. cit. p. 18).
En
particular, sus intereses se dirigen hacia el concepto de cultura,
advirtiendo que "Si Educadores y ciudadanos deben ponerse de acuerdo
para entender y resolver los problemas de la educación, necesitan
comprender la cultura en la cual opera la educación ya cuyo
acervo contribuye" (op. cit. p. 18). En su opinión "El modo
de vida distintivo de una sociedad desarrollada en las tradiciones
del pasado que siguen viviendo en las instituciones, las ideas,
las creencias y costumbres de un pueblo, está resumido en
el término Cultura" (op. cit. p. 18).
Por
estas razones su enfoque será el de una historia cultural
de la educación, con lo que se consolida una primera gran
característica del trabajo histórico gráfico
de Cremin. La segunda característica importante de su trabajo
es de tipo metodológico y se refiere a la periodización;
Cremin la denomina periodización-cronológica-cultural
y consiste en vincular el devenir cronológico de las organizaciones
históricas con el acontecer cultural, para hacer el estudio
de un conjunto de problemas previamente seleccionados.
En
la obra que se está examinando, Cremin utiliza el concepto
de "paideia", en el sentido en que se encuentra en la obra
de Werner Jaeger, es decir, como un conjunto de ideales sobre las
formas del ser en el plano ético, político y estético,
los cuales se llevarían a cabo en la vida de las instituciones.
En este sentido el trabajo de Cremin se dirige hacia la reconstrucción
de las diversas formas como se relacionan los ideales de la nación
estadounidense, con las instituciones educativas, a través
de distintos períodos.
La
noción de Paideia Americana (American Paideia) es utilizada
en su trabajo para describir la forma como se van involucrando los
ideales acerca de la vida en democracia, con elementos doctrinal
es surgidos del Protestantismo y aspectos del utilitarismo, para
dar origen a una visión propia del patriotismo americano.
La
primera parte de esta obra tiene el sugestivo propósito de
analizar los elementos que conforman la paideia americana en el
período seleccionado y su título no es menos sugestivo
"La Moral Pública". Para Cremin es claro que esta configuración
de la cultura americana (la paideia), es la forma como responde
la nación al desafío del modernismo. Un elemento valioso
de su argumentación se refiere a la manera en que concibe
la cultura como un escenario configurado por la confrontación
y la lucha entre diversas tendencias. En esa lucha existen variaciones
a través del tiempo que permiten al historiador detectar
a grupos sociales o grupos étnicos como dominantes. De esta
forma encuentra que hacia 1876 la unión evangélica
define los patrones de la paideia americana, pero reconoce la existencia
de una variedad de grupos etno-religiosos que durante ese mismo
período, a partir de 1876, formulan "paideias alternativas"
(p. 116 y ss.); estudia, por ejemplo, el papel de los católicos
irlandeses en Chicago, los alemanes luteranos en Wisconian, los
rusos menonitas en Kansas.
De
acuerdo con su consideración de los elementos que conforman
la Paideia, Cremin muestra cómo las instituciones son los
instrumentos que permiten la implementación de los ideales
de un grupo o una sociedad. En el análisis dedicado a las
instituciones, muestra en primer término que en su trabajo
no se limita de ninguna manera a las instituciones de la educación
formal. De la misma forma que otro importante historiador de la
educación en E. U., Berndard Baylin (a los lectores interesados
puede resultarles útil la transcripción del simposio
principal de la reunión anual de la " American Educational
Research Association", sobre el tema "Institutionalization and Education
in the nineteenth and Twentieth Centuries", donde se discuten los
trabajos de Baylin. En History of Education Quaterly Vol. 20, 4
Winter 1980 pp. 449-472), Cremin propone a sus discípulos
y a sus lectores pensar la educación no sólo bajo
la forma de la educación formal, sino incluir también
otros procesos con los cuales se transmite la cultura a las nuevas
generaciones.
El
capítulo II de su obra "The Metropolitan Experience", dedicado
al estudio de las instituciones en la sociedad americana contemporánea,
ilustra esta tendencia. El capítulo muestra las tradiciones
familiares de crianza en diferentes oleadas de inmigrantes (mexicanos,
italianos, eslavos, rumanos); también se detiene en el papel
de las iglesias y las sinagogas; extiende el análisis de
los sistemas escolares urbanos a aquello que denomina las escuelas
suplementarias ("Supplementary Schools", entre las cuales señala
las escuelas para sordos, ciegos, retardo mental, correccionales
de menores ); analiza la evolución de la educación
superior y finalmente incluye un buen número de actividades
de educación formal y no formal para adultos como las librerías,
museos, diarios, t.v., programas de entrenamiento laboral, educación
a distancia.
Concepción
de la Educación en Cremin
Una
buena fonna de acercamos a este aspecto es el examen de los criterios
que expone este autor acerca de la relación entre Historia
de la Educación y formación de educadores.
Tradicionalmente,
la incorporación de la Historia de la Educación a
los programas de formación de docentes ha sido un proceso
conflictivo, donde se deslindan dos grandes bandos: los académicos
de las profesiones liberales y los educadores profesionales. Estos
últimos, junto con los administradores, demandan a los académicos
la demostración de una utilidad y funcionalidad claras de
la Historia de la Educación en los objetivos de los programas.
Especialmente
en períodos de crisis social y económica, como ocurrió
en E. U. durante la depresión de los años treinta,
la demanda de mostrar una "historia útil" para salir de la
crisis se hace más acuciante. Este fue el caso de las responsabilidades
que se le asignaron a los historiadores de la educación en
E. U. durante esta crisis. La pretensión de formar educadores,
capaces de desarrollar una actividad social y política de
liderazgo, pretendió encontrar en la Historia como disciplina
científica, un soporte idóneo para tales propósitos.
El desarrollo del proceso mostró la inadecuada respuesta
de esta disciplina para esos fines.
Estas
dificultades condujeron a que los diseñadores de los programas
de formación de educadores se dirigieran a otros campos del
conocimiento (sociología, psicología, economía,
filosofía, educación comparada), con el propósito
de encontrar los "fundamentos sociales de la Educación",
con los cuales preparar un educador que hiciera frente a la crisis.
La Historia de la Educación como elemento necesario en la
formación de docentes, fue dejada en un segundo plano durante
la década de los años treinta y parte de la década
de los años cuarenta de este siglo.
En
estas condiciones, hacia 1948 un pequeño grupo de historiadores
de la educación de la Universidad de Michigan, entra en contacto
con una de las asociaciones gremiales del sector educativo, la National
Society for College Teachears of Education (NSCTE), para que les
permitiera organizar en
su interior la sección de Historia de la educación
y le hiciere el auspicio y financiación de una publicación
periódica, el "History of Education Journal".
El
costo de esta alianza se observa de inmediato en la presentación
que se hace de los propósitos de la sección en la
NSCTE: (1) Estudiar el papel de la Historia de la Educación
en la preparación de los miembros de la profesión
de educador, (2) ofrecer oportunidades para comunicar entre sí
los miembros de la NSCTE y (3) trabajar con otros comités
y secciones de la NCSTE en la promoción y capacitación
de los profesores; en ninguna parte se hace referencia a la investigación
historiográfica ni a estrategia alguna para impulsar el avance
de esta disciplina. (Sobre estos tópicos Cfr. Cohen, S. op.
cit. p. 315).
El
fraccionamiento interno de la sección de Historia de la Educación
de la NSCTE no se hizo esperar y aparecen de nuevo las críticas
a las tendencias de academicismo y enclaustramiento de los historiadores
profesionales; también hubo quienes indicaron la necesidad
de subordinar el trabajo historiográfico a la simple comprensión
y superación de los problemas contemporáneos; además
se expresó la tendencia de corte académico que atribuye
a la disciplina su independencia temática y metodológica,
orientándose hacia la historia social y cultural.
En
este contexto aparece la posición de Cremin frente a estos
problemas, la cual consiste en dejar un poco de lado esas controversias
y pide concentrarse en mejorar la calidad del trabajo de los Historiadores
de la Educación, estrechando los vínculos con su campo
mayor, la Historia, sin olvidar el mantenimiento de los vínculos
con los directivos de la educación. Esta posición
se distancia de las disputas ideológicas y se concentra en
la búsqueda de la excelencia, seguros de que el historiador
puede sólo ofrecer puntos de vista y no soluciones precisas.
Bajo
estas orientaciones Cremin accede a la Presidencia de la NSCTE en
1960 y en ese período también asume la dirección
de la sección de Historia de la Educación, que se
disolvió para dar paso a la History of Education Society;
el órgano de difusión "History of Education Journal"
se termina para dar paso al "History of Education Quaterly" que
auspició durante un período la Universidad de Pittsburg
y en la actualidad aparece con la ayuda de New York University.
En
síntesis, la participación de Cremin en la historiografía
de la educación en E. U., se puede considerar decisiva en
el período de la segunda posguerra mundial. Rasgo distintivo
de su labor es la incorporación de elementos conceptuales
de disciplinas vecinas a las Ciencias Históricas; su visión
de las instituciones comprende que estas permiten el desarrollo
de los ideales de formación de la generación que educa
y en ningún caso lo limita a la educación formal.
De
su trabajo resulta lamentable la exagerada ambición de hacer
una "Historia Extensa" de la educación en E. U. , con lo
que algunos de sus temas parecen naufragar en una excesiva erudición
y en presentación demasiado académica de sus abundantes
fuentes. Además, esa amplísima delimitación
de sus temas le hace perder concisión en la escogencia de
aspectos vitales para la comprensión de los fenómenos
educativos, como por ejemplo, las instituciones para formar educadores,
las cuales están subvaloradas en sus últimos dos volúmenes.
Otro lamentable resultado de su enciclopedismo es el tratamiento
del género biográfico que aparece en sus obras del
proyecto de " American Education". En el volumen 3 se dejan ver
una colección de vidas de personas involucradas de diversa
manera con la educación en el período estudiado, pero
sin el sustento de un propósito cohesionante en la exposición
del historiador.
II
.A pesar de que no se trata de un historiador profesional, es innegable
que en la obra de Michel Lobrot "La Pédagogie Institutionnelle:
l'ecole vers l'autogestion" (París: Gauthier, 1966), existe
una fundada preocupación por la reconstrucción historiográfica,
como elemento de apoyo para precisar los puntos de vista de este
autor frente a la pedagogía.
Este
trabajo que data de 1966 contiene en su primera mitad varios capítulos
que demuestran esta tendencia (capítulo I, los orígenes
de la escuela, capítulo n, El Sistema Burocrático
). Se apoya en fuentes secundarias, por ejemplo en el capítulo
I los trabajos de Jacques LE GOFF sobre los intelectuales en la
edad media y Karl Wittfogel acerca del despotismo oriental, para
exponer su punto de vista sobre los orígenes de la escuela.
Respecto
del trabajo de Le Goff examina las explicaciones que este
autor hace sobre los antecedentes aristocráticos de la clase
intelectual y su ubicación en los centros urbanos
durante el Renacimiento, con las consecuencias que esto trae respecto
a la separación entre el intelectual y las masas populares,
en otros términos se trataría de la separación
entre la Ciencia y la Enseñanza.
Estos
conceptos de Le Goff son contrargumentados por Lobrot, cuando indica
que intelectuales como Montaigne, Rabelais y Fenelón, en
Francia, avanzaron en una nueva concepción de la pedagogía
que tomaba como telón de fondo aspectos populares de su época.
Por otra parte, sin señalar las fuentes en que se apoya,
Lobrot recuerda que antes de ubicarse los intelectuales en los centros
urbanos, encuentran importantes antecedentes de trabajo intelectual
sistemático en los claustros benedictinos.
Lobrot
acepta que el impulso decisivo para monopolizar el ejercicio de
la enseñanza durante el Siglo XVII francés se debe
a la comunidad de los Jesuitas, quienes se encargaron de conciliar
la "Cultura Pagana" con su propia cosmovisión. Señala
como fuente secundaria los estudios de De Dainville ("Effectifs
des colléges et scolarité oux XVII siecles dans le
nord de la France" Population Juillet-Sept. 1955 y "College
et frécuentation scolaire au XVII siecle" Population juillet-sept.
1957), para demostrar que la clase social que frecuentaba los colegios
era la burguesía y que la aristocracia continuaba con el
régimen del preceptorado. Sobre este tema es destacable la
omisión que hace Lobrot del trabajo pionero de E. Durkheim
sobre "L'evolution pedagogique en france", donde se estudia en forma
detallada este aspecto de la Historia Educativa Francesa.
Para
el análisis del Siglo XIX, Lobrot coincide con la apreciación
generalizada de los notables cambios económicos, sociales
y políticos, para destacar que en el plano de la educación
esto trajo como repercusión principal una mayor división
del trabajo expresada en la profesionalización de la enseñanza,
dado que los Estados Nacionales proceden a propugnar la educación
laica y en consecuencia se requiere de un nuevo tipo de profesional.
La
utilización del trabajo de K. Wittfogel aparece cuando el
autor emprende su análisis de la formación de los
sistemas burocráticos en la educación, para comprender
el funcionamiento institucional de la pedagogía. Es importante
tener en cuenta que el impacto de la obra de Wittfogel en Francia,
tiene un antecedente destacado en la argumentación de otro
de los fundadores de la Pedagogía institucional, Georges
Lapassade, en su obra "Groupes, organizations et institutions" (París:
UFOD 1965).
Antes
de mostrar en detalle la apreciación historiográfica
sobre el impacto de la burocratización en la pedagogía
francesa, según Lobrot, es necesario puntualizar que en este
autor la Institución Pedagógica es apreciada en una
doble dimensión: por una parte, define la "Institución
Proyectada" como aquella que se refiere a los contenidos evidentes
que son expuestos como la razón de ser de las organizaciones
(contenidos manifiestos); por otra parte, se refiere a la "institución
vivida", es decir, la forma como son experimentadas las instituciones
por sus actores participantes. Se trata aquí de los contenidos
latentes. En este sentido, Lobrot define su punto de vista de la
siguiente forma: "En esta obra nos proponemos hacer un 'análisis
institucional' de la pedagogía, esto es, no solamente un
análisis de los contenidos de las diversas pedagogías
o de alguna de ellas en particular que quisiéramos promover,
sino de las 'condiciones de existencia' de todas ellas, con lo cual
se nos ilustrará su eficacia real, su poder, sus efectos".
(Lobrot, M.
op. cit. p. 13, trad. jeg).
Contrariamente
a las tesis del trabajo de Wittfogel en su análisis de las
sociedades antiguas, cuando concluye que el espíritu religioso
de estas sociedades era el resultado de la organización burocrática
de la cual se dotaron, Lobrot sostiene la hipótesis de que
es gracias a ese espíritu religioso como se pudo fundamentar
la aparición y sostenimiento de una organización burocrática
en los grupos humanos. Al respecto dice Lobrot "La explicación
que proponemos no consiste en explicar el nacimiento de la burocracia
por una toma incomprensible del poder por parte de los técnicos-organizadores,
sino por una alienación colectiva de todo un pueblo entre
las manos de un aparato judicial que existía con anterioridad"
(op. cit. p. 36 trd. jeg). La legitimidad de ese aparato judicial
es en todos esos casos de origen divino.
Para
someter a prueba sus hipótesis, Lobrot acude a la investigación
historiográfica de varios momentos de la historia moderna
de Francia. Su propósito consiste en mostrar las condiciones
en las que aparece el primer sistema burocrático en un régimen
de democracia parlamentaria. Examina el germen de la organización
burocrática, surgida de los últimos años de
la monarquía, luego el período de la Revolución
y el Terror, para concluir con el Imperio Napoleónico.
En
este propósito utiliza una vez más, fuentes secundarias
(Deniau et al. "Histocia de la Sociedad Francesa, París:
Natha, A. Soboul "Historia de la revolución francesa" París:
P.V.F., J. Ratinaud "Robespierre", París: Ed. du Minuit,
para el examen de las ideas de este caudillo).
La
conclusión a la que llega Lobrot consiste en mostrar como
el sistema de la educación francesa es una organización
de tipo burocrático, en la cual se combinan la institución
educativa que propone el poder estatal (Institución Proyectada),
con las vivencias de los educadores y administradores que son caracterizadas
de la siguiente forma:
"Sobre
todo, ellos (los educadores jeg) quieren insertarse en una determinada
sociedad y ser reconocidos por ella, triunfando profesionalmente,
tener una carrera, establecer buenas relaciones con la administración,
los padres, los otros enseñantes. Esta organización
que describiremos bajo el nombre de 'burocracia pedagógica'
sostiene complejas relaciones con sus miembros y define el prop6sito
de la enseñanza. Los objetivos enunciados teóricamente
no son más que racionalizaciones parciales que uno tendría
dificultad de considerar como definitivos y exclusivos" (op. cit.
p. 28 trd. leg).
El
mecanismo de la organización de tipo burocrático es
considerado como elemento determinante de la pedagogía en
el trabajo de Lobrot y caracterizado por este como un lastre para
el buen desarrollo de las relaciones entre maestros y alumnos, "es
un sistema, escribe Lobrot, que pretende establecer una justicia
suprema garantizando el equilibrio, pero que en realidad divide
u opone a todo el mundo" (op. cit. p. 46 trad. jeg). En este aspecto
se separa radicalmente de las concepciones de Hegel y en M. Weber
, pues en su parecer: "Identificando burocracia y organización,
ellos ven en la burocracia la manifestación suprema y última,
desde el punto de vista histórico, del poder racional del
hombre" ( op. cit. p. 31 trad. jeg).
Concepción
pedagógica de M. Lobrot
En
el caso de este autor es evidente que la utilización del
análisis historiográfico sirve a los propósitos
de elaborar un punto de vista acerca de como surge la organización
que permite el desarrollo de la enseñanza en el mundo contemporáneo.
En este sentido, sus propósitos se dirigen a dilucidar el
funcionamiento y las consecuencias de la aplicación extensiva
de la organización burocrática en la pedagogía;
para hacerlo acude a otras disciplinas de las ciencias sociales
que le permiten tal propósito. De esta manera se entiende
su utilización de la Psicología Social, para precisar
los mecanismos que expliquen por qué este tipo de organización
es deseado por una colectividad, un grupo o un pueblo, con el pretendido
propósito de garantizar su seguridad y controlar la angustia
que producen las relaciones interpersonales en situación
de grupo.
La
propuesta de Lobrot consiste en mostrar que si bien la organización
burocrática dispensa, en apariencia, tales posibilidades,
lo hacen del costo de cercenar las opciones de una vida democrática
y creativa en las sociedades contemporáneas.
Desde
el punto de vista de la democracia en las relaciones pedagógicas,
la organización burocrática de la enseñanza
acarrea como consecuencias graves que el proceso es desarrollado
gracias a una estructura jerárquica y rígida en tres
aspectos vitales: a) el personal de profesores, b) los programas
escolares y el trabajo escolar y c) los controles y los exámenes.
Esta
rigidez se autojustifica en el argumento (sofisma, según
Lobrot) de que es posible "prever las actividades de los seres humanos
o de las colectividades en función de normas generales y
abstractas inspiradas por un interés vacío de toda
sustancia" (op. cit. p. 62 trad. jeg). La estructuración
burocrática de la pedagogía obliga al educador a aceptar
tres grandes objetivos para su labor: la conformidad al programa,
la obtención de la obediencia y la búsqueda de éxito
en los exámenes.
"Esta
pedagogía, señala Lobrot, surge directamente de la
burocracia y posee los mismos vicios de ella. La burocracia es un
sistema fundado sobre la angustia y la desconfianza. Se requiere
estar seguro de que cada quien 'haga bien su trabajo', que no se
divierta, que no perturbe el interés general, para obtenerlo
se impone a todos unas reglas abstractas que se consideran como
las representantes del interés general". (op. cit. p. 63
trad. jeg).
El
planteamiento que propone Lobrot luego de este análisis historiográfico
sobre los determinantes de la acción pedagógica, se
fundamentan en una renovación de la pedagogía. Este
paso le obliga a examinar las distintas corrientes de la llamada
"Pedagogía Nueva" (Dewey, Claparéde, Montessori, Decroly,
Ferriére), a quienes reconoce su contribución, pero
les señala un excesivo formalismo en sus aportes, al desconocer
las circunstancias en las cuales se lleva a cabo la actividad pedagógica:
El sistema burocrático. "Los revolucionarios, anota Lobrot
refIriéndose a los grandes exponentes de la pedagogía
nueva, han sido a la vez demasiado idealistas como teóricos,
despreocupados de los problemas organizacionales y muy oportunistas
como pedagogos activos; no han tenido el coraje para ir hasta las
últimas consecuencias de sus concepciones" (op. cit. p. 106,
Trad. jeg).
La
estrategia que propone el análisis institucional de Lobrot
para dirigir la acción, consiste en la búsqueda de
la autonomía por medio de la autogestión de los grupos
educativos, en los que se trabaja sobre la base de la no-directividad,
usando la tipología propuesta por Rene Lourau ("Análisis
Institucional y Acción Política". En Lourau, R. et
au " Análisis Institucional y Socioanálisis", México:
ed. Nueva Imagen, 1977 pp. 25-30), esta estrategia puede incluirse
entre los llamados "modos de acción constrainstitucional:
"la acción contrainstitucional plantea una alternativa práctica,
una exigencia de deserción de las instituciones actuales
y de puesta aprueba, Hic et Nunc de las ideas que alimentan la crítica
revolucionaria". (Lourau R. op. cit. p. 28). Se diferencia esta
forma de acción de otras como el modo de acción "no
institucional" que va "de la ilegalidad clandestina a la ilegalidad
manifiesta, y de las demás manifestaciones violentas a la
lucha armada"; se distancia también del modo de acción
"anti-institucional" que consiste en la crítica negativa
de las instituciones existentes, pero sin plantear alguna alternativa
práctica; y de otra más, el modo de acción
"institucional" donde toda práctica cuyos efectos se integran
en el funcionamiento de lo instituido o lo refuerzan.
Estas
características del trabajo de Lobrot ha conducido a que
sea identificado como un anarquista. Sobre este aspecto se pueden
aportar los siguientes elementos, contenidos en una respuesta sobre
el tema, a la redacción de la Revista "Cuadernos de Pedagogía"
(C. P.) de Barcelona, España, en 1975: CP -La posición
de Lobrot parece una actitud excesivamente anarquista: destruyendo
la escuela y usándola para otros fines se transforma la sociedad.
Por otra parte, existe sólo la subjetividad en su obra -por
ejemplo, el principio de placer integrado a la pedagogía
que indica cierto espontaneismo-.
M.
Lobrot -Estoy bastante de acuerdo en que se trata de una posición
anarquista. Aunque hay que distinguir: es una forma de 32 anarquismo
en la medida en que es una contestación global, radical,
de la autoridad. En este sentido es Anarquista. Pero donde me distancio
del anarquismo clásico es en que este es demasiado 'desesperado',
demasiado negativo. No por azar los anarquistas tienen la bandera
negra. Con eso yo no estoy en absoluto desacuerdo, pues pienso que
pueden construirse cosas positivas. Creo que hace falta optimismo
y cierta confianza en el hombre para construir otra sociedad" (En:
F. Crivano y J. Carbonell, ed. 15 personajes en busca de otra escuela.
Barcelona: Laia, 1984 p. 117 y ss.).
III.
En su propósito de hacer una Historia del Detalle en el Siglo
XVIII, M. Foucault revela esa concepción singular del trabajo
de reconstrucción historiográfico que marcó
en forma indeleble su trabajo.
La
referencia a ese aspecto particular resulta pertinente para los
propósitos de este escrito, habida cuenta de que esa Historia
del Detalle se apoya en el análisis de varias instituciones,
entre ellas la Institución Escolar. Al respecto apunta M.
Foucault: "Una observación minuciosa del detalle, ya la vez
una consideración política de estas pequeñas
cosas, para el control y la utilización de los hombres, se
abren paso a través de la época clásica, llevando
consigo todo un conjunto de técnicas, todo un corpus de procedimientos
y de saber, de descripciones, de recetas y de datos. y de estas
fruslerías, sin duda, ha nacido el hombre del humanismo moderno".
(M. Foucault vigilar y castigar: El nacimiento de la prisión.
México: Siglo XXI Ed. 9a. Ed., 1984,p. 145). Luego añade
en nota explicativa de pie de página "Elegiré los
ejemplos de las instituciones militares, médicos, escolares
e industriales ".
Acaso
sea necesario recordar que el trabajo de este autor es el resultado
de su propia visión de la filosofía. Preocupado por
hacer la Historia del presente, Foucault expresa de la siguiente
manera su acercamiento a la Historia: "Me parece que, después
del Siglo XIX, la filosofía no ha cesado de acercarse a la
pregunta de ¿Qué pasa actualmente y qué somos nosotros,
que no somos, tal vez nada distinto a aquello que pasa actualmente?
La pregunta de la filosofía es la pregunta de ese presente
que somos nosotros mismos. Es la razón por la cual la filosofía
hoy es por completo Política e Historia. Ella es la política
inmanente a la Historia, ella es la historia indispensable a la
Política". (Entrevista con B-H Levy. Le nouvele observateur
No.644, p. 113 Trad. jeg).
De
una manera más precisa Foucault reconoce que su proyecto
se define por la búsqueda de las circunstancias en que se
desarrolla la Razón occidental moderna, no a la manera de
una insípida filosofía de la historia, que plasmaría
una visión teleológica del pasado (aspecto que aclara
con detalle en su artículo sobre "Nietzsche, la genealogie
et l'histoire". En Bachelard, S. et al. Hommage a Jean Hippolite.
París: P.U.F., 1971), sino en el reconocimiento de las discontinuidades
en las que "emergen un conjunto de enunciados", es decir, la aparición
de prácticas discursivas que gobiernan la acción de
los hombres. En su planteamiento acerca del texto de I. Kant ¿Qué
es la ilustración? (Was ist Aufklarung), Foucault indica
el sentido de su trabajo e identifica sus coordenadas conceptuales
en los siguientes términos: Considera que a partir de Kant
se fundan dos grandes tradiciones filosóficas, aquella que
se interroga por las condiciones bajo las cuales un conocimiento
verdadero es posible (analítica de la verdad), y otra en
donde se produce un diferente cuestionamiento crítico, ¿en
qué consiste nuestra actualidad? , ¿cuál es nuestro
actual campo de experiencias posibles? (Cfr. "'Un cours inedit'
Le Magazine litteraire" No.204, may 1984 p. 39).
Sobre
este aspecto añade Foucault en ese mismo lugar que en su
labor no se trata de una analítica de la verdad, sino de
lo que se podría denominar una ontología del presente,
una ontología de nosotros mismos: "considero que la elección
filosófica a la cual nos enfrentamos es esta: o se puede
optar por una filosofía crítica que se presentará
como una filosofía analítica de la verdad en general,
o bien se puede optar por un pensamiento crítico que tomará
la forma de una ontología de nosotros mismos, una ontología
de la actualidad; en esta forma de filosofía que, de Hegel
a la Escuela de Frankfurt pasando por Nietzsche y Max Weber, fundó
una forma de reflexión en la que ya ha intentado trabajar"
(M. Foucault Un cours inedit loc. cit. p. 39).
La
elección de las temáticas y los métodos que
aparecen en "Vigilar y Castigar: El nacimiento de la prisión",
obedece en nuestro caso a la evidencia de que con este trabajo se
inauguró la época definitiva del pensamiento de Foucault,
como él mismo lo reconoció al decir que este fue su
"primer" libro. La concepción que aparece en este es la de
una sociedad carcelaria, es decir, una sociedad que se constituye
y funciona gracias a la extensión de la disciplina, la vigilancia
y el castigo a todos sus ámbitos.
Una
de las instituciones donde se verifica este proceso es justamente
la escuela, instancia donde se perfeccionó el régimen
disciplinario de la sociedad carcelaria. La sección sobre
la disciplina del libro "Vigilar y Castigar", contiene dos capítulos
dedicados a examinar desde el punto de vista genealógico
el perfeccionamiento de las estrategias disciplinarias de la época
moderna. En el Capítulo I "Los cuerpos dóciles" y
en el Capítulo II "Los medios del buen encauzamiento", se
describen los procedimientos disciplinarios que sustentan el funcionamiento
de las cuatro instituciones que examina ese trabajo.
Foucault
describe cómo, en lo que denomina La Epoca Clásica,
se produce el descubrimiento del cuerpo como objeto y blanco del
poder, expresado en dos tipos de registros que son: 1) La reducción
materialista del alma, por ejemplo la concepción anátomo-metafísica
planteada por Descartes y 2) Una teoría general de la educación
contenida en los reglamentos de las instituciones señaladas
y en los procedimientos empíricos y reflexivos para controlar
o corregir las operaciones del cuerpo. A partir de estos elementos
se conforma la concepción de Foucault sobre la disciplina,
o mejor decir las disciplinas: " A estos métodos que permiten
el control minucioso del cuerpo, que garantizan la sujeción
constante de sus fuerzas y les imponen una relación de docilidad-utilidad,
es a lo que se puede llamar , disciplina' " (M. F ouca ult .Vigilar
y Castigar -en lo sucesivo se citará como V-C p. 141).
La
descripción de las formas como se consolida la disciplina,
plantea varias condiciones necesarias, por ejemplo, el arte de la
distribución del espacio, en donde se definen varios grados
de complejidad, uno de los cuales tiene como escenario a la escuela,
lugar donde se perfecciona la estrategia del espacio serial, que
consiste en el establecimiento de clasificaciones para jerarquizar
los individuos de acuerdo a criterios sobre los cuales ilustra Foucault:
" J-B de la Salle soñaba con una clase cuya distribución
espacial pudiera asegurar a la vez toda una serie de distinciones...
Entonces, la sala de clase formaría un gran cuadro único,
de entradas múltiples, bajo la mirada cuidadosamente 'clasificadora'
del maestro" (V-C p. 151).
Las
demás condiciones para la existencia de la disciplina moderna,
a saber, el control de la actividad, la organización de las
génesis, la composición de fuerzas, también
son ilustradas con material historiográfico proveniente de
las instituciones seleccionadas por el autor. Pero quizá
el aspecto más destacado de esta argumentación está
constituido menos por las descripciones, que por el señalamiento
de una lógica de la razón carcelaria. En este sentido
cobra especial importancia el papel de la institución escolar
frente a las demás instituciones; el aspecto que permite
este análisis es el estudio del examen: "La superposición
de las relaciones de poder y de las relaciones de saber -dice Foucault-
adquiere en el examen toda su notoriedad visible" (V-C p. 189).
Para este autor, "el examen combina las técnicas de la jerarquía
que vigila y las de la sanción que normaliza".
Foucault
afirma que la época de la escuela examinatoria permitió
que "esta pasara de ser el lugar de la elaboración de la
pedagogía y marcó el comienzo de una pedagogía
que funciona (subrayado mío jeg) como ciencia" (V-C
pp. 191-192). La explicación de estos fenómenos la
atribuye a dos posibilidades que se correlacionan: por una parte
el examen necesita de la constitución del individuo como
objeto de estudio y, de otro lado, el Examen facilita "la constitución
de un sistema comparativo que permite la medida de los fenómenos
globales, la descripción de los grupos, la caracterización
de hechos colectivos, la estimación de las desviaciones de
los individuos unos respecto a otros, y su distribución en
una 'población"' (V-C p. 195). La importancia de estos procedimientos
para la conformación de estrategias de saber y de poder en
la razón occidental, consiste en su opinión, en el
desbloqueo epistemológico de las ciencias del hombre.
Más
allá de estas nuevas conformaciones de la razón científica,
la posición de Foucault es clara respecto al valor
y el lugar que debe ocupar el análisis de un elemento de
la historicidad de la acción humana, como es la institución:
"Que en la posición central que ocupa, la prisión
no está sola, sino ligada a toda una serie de dispositivos
'carcelarios', que son en apariencia muy distintos -ya que están
destinados a aliviar, a curar, a socorrer-, (se podría añadir
también a educar jeg) pero que tienden todos como ella a
ejercer un poder de normalización... y que finalmente lo
que rige todos estos mecanismos no es el funcionamiento unitario
de un aparato o de una institución, sino la necesidad de
un combate y las reglas de una estrategia. Que, por consiguiente,
la noción de institución, de represión, de
rechazo, de exclusión, de marginación, no son adecuados
para describir, en el centro mismo de la ciudad carcelaria, la formación
de las blanduras insidiosas, de las maldades poco confesables, de
las pequeñas astucias, de los procedimientos calculados,
de las 'ciencias' a fin de cuentas que permiten la fabricación
del individuo disciplinario. En esta humanidad central y centralizada,
efecto e instrumento de relaciones de poder complejas, cuerpos y
fuerzas sometidos por dispositivos de 'encarcelamiento múltiples',
objetos para discursos que son ellos mismos elementos de esta estrategia,
hay que oír el estruendo de la batalla" (V -C p. 314) .
Concepci6n
pedag6gica de Foucault
¿Acaso
existe una concepción de la pedagogía en el trabajo
de Foucault? Mas aún, tomando en cuenta que su preocupación
es la de identificar el campo actual de nuestras experiencias posibles,
¿puede hablarse de un planteamiento que guíe nuestra experiencia
posible en el terreno de la educación?
Aparece
con claridad que en su trabajo "Vigilar y Castigar" no se trata
de elaborar análisis sectorizados, sino de reconocer estrategias
globales que exploren los fundamentos sobre los cuales es posible
el ejercicio de la Razón. Está clara también
la necesidad de hacer estudios sectoriales sobre la forma como se
lleva a cabo "el poder de normalización y la formación
del saber moderno", como acota Foucault en el final de "Vigilar
y Castigar" (aspecto que desarrolló en lo que se refiere
a la sexualidad en sus últimos libros de la Historia de la
Sexualidad). Pero para hacerlo vale la pena dilucidar oportunamente
como escuchar "el estruendo de la batalla", y sobre todo en qué
flanco ubicarse en la batalla, por decirlo así.
Este
asunto nos conduce de manera ineludible a la discusión acerca
del papel del intelectual y sus relaciones con las diversas formas
de manifestación del poder. En una conversación con
Gilles Deleuze, publicada en 1972, Foucault expresa en forma clara
su posición al respecto: " Ahora bien, los intelectuales
han descubierto, después de las recientes luchas, que las
masas no los necesitan para saber; ellas saben perfectamente, claramente,
mucho mejor que ellos; y además lo dicen muy bien. Sin embargo,
existe un sistema de poder que intercepta, prohibe, invalida ese
discurso y ese saber. Poder que no está tan solo en las instancias
superiores de la censura, sino que penetra de un modo profundo,
muy sutilmente, en toda la red de la sociedad. Ellos mismos, los
intelectuales, forman parte de ese sistema de poder; la propia idea
de que son los agentes de la' conciencia' y del discurso forma parte
de ese sistema. El papel del intelectual ya no consiste en colocarse
'un poco adelante o un poco al lado', para decir la verdad muda
de todos; más bien consiste en luchar contra las formas de
poder allí donde es a la vez su objeto e instrumento: en
el orden del 'saber' de la 'conciencia', del 'discurso'. Por ello,
la teoría no expresará, no traducirá, no aplicará
una práctica, es una práctica. Pero local y regional,
como tú dices; no totalizadora (se refiere a la argumentación
previa de Deleuze jeg). Lucha contra el poder, lucha para hacerlo
aparecer y herirlo allí donde es más invisible e insidioso.
No lucha por una 'toma de conciencia' (hace mucho tiempo que la
conciencia como saber fue adquirida por las masas y que la conciencia
como sujeto fue tomada, ocupada por la burguesía), sino por
la zapa y la toma del poder, al lado, con todos los que luchan por
ella, y no en retirada para esclarecerlo. Una 'teoría' es
el sistema regional de esa lucha" (Deleuze/Foucault, un diálogo
sobre el poder. El viejo topo, No.6, Marzo 1977 p. 20).
Para
mayor detalle sobre su concepción al respecto en esa época
examínense estos otros argumentos "Cada lucha se desarrolla
alrededor de un lar particular de poder (uno de esos innumerables
pequeños lares que pueden ser un jefecillo, un guardia de
H.L.M. -siglas de Hébergement a loyer moderee, Alojamiento
de arriendo moderado, sistema de subsidio de habitación a
sectores especiales de la población en Francia, jeg- un director
de prisiones, un juez, un responsable sindical, un redactor jefe
de un periódico" (Deleuze/Foucault Loc. cit. p. 23). De estas
indicaciones se desprende que la posición del intelectual,
en el caso que nos ocupa, el historiador de la educación,
le permite desarrollar sus luchas en su lar particular, desde su
propia ubicación. Este tipo de lucha compromete en primera
instancia la individualidad del intelectual, no en la posición
del intelectual orgánico que propugnara Gramsci, sino desde
su propia y solitaria forma de ser. Hay quienes se inclinan a interpretar
estas posiciones desde un punto de vista estratégico, planteando
"alianzas temporales o definitivas", "combinación de formas
de lucha", "subsunción del sujeto histórico colectivo",
etc.
En
lo que a mí respecta me inclino a pensar, como lo indican
sus declaraciones más recientes antes de su fallecimiento,
que se presentó una decantación significativa en sus
apreciaciones sobre este punto: " ¿cuál puede ser la ética
de un intelectual - reivindico este término de intelectual
que en esta época parece dar náuseas a algunos -,
sino este: ser capaz siempre de desprenderse de sí mismo
(que es lo contrario de la actitud de conversión)? Si yo
hubiera querido ser exclusivamente un universitario, habría
sido más sabio escoger un solo campo en el cual desarrollar
mi actividad, aceptando una problemática dada y ensayando
a ponerla en práctica o modificándola en algunos puntos...
Ser a la vez un intelectual y un universitario es intentar aplicar
un t~ de saber y de análisis que es enseñado y recibido
en la Universidad a fin de modificar no sólo el pensamiento
de otros, sino también el propio. Este trabajo de modificación
de su propio pensamiento y el de los otros me parece la razón
de ser de los intelectuales... El papel del intelectual no es decir
a los demás lo que deben hacer, ¿con qué derecho lo
haría? ...El trabajo de un intelectual no es el de moldear
la voluntad política de los demás; él está
para los análisis que hace en su campo de trabajo, para reinterrogar
las evidencias y los postulados, para sacudir los hábitos,
las maneras de ser y de pensar, para disipar las evidencias admitidas,
para retomar la mesura de las reglas y de las instituciones ya partir
de esa reproblematización (donde él juega su papel
específico de intelectual, participa en la formación
de una voluntad política donde él tiene que jugar
su papel de ciudadano)". (Le souci de la verité. Entrevista
con F. Ewald. Magazine Lirreraire No.204, May. 1984, p. 22
trad. jeg).
En
este sentido, como afirmó Francois Ewald, quien fue su asistente
en el College de France, "Foucault fue un hombre totalmente libre.
Siempre quiso preservar su libertad, en particular con respecto
a las instituciones". (En: Liberaron, samedi 30 juin et dimanche
ler. juillet 1984, p. 20). Sin embargo, ante la posibilidad de otro
tipo de interpretaciones, resulta necesacio preguntarnos por las
consecuencias de aplicar las formas de lucha en los lares de cada
quien, especialmente en un medio crispado de violencia mortal, como
es el caso nuestro. ¿Acaso muchos de nuestros educadores, en la
medida que trabajan con la teoría, como intelectuales, no
son identificados como traidores de ese sujeto colectivo que se
tomó la conciencia y, en consecuencia, condenados a muerte?
Entonces, resulta oportuno reflexionar detenidamente sobre las estrategias
de los intelectuales y, sobre todo, esclarecer sus concepciones
teóricas generales a la luz de los acontecimientos presentes.
Por
otra parte, la forma como el historiador de la educación
puede hacer uso de esta perspectiva genealógica de los saberes
debe retener nuestra atención por otros momentos. Existen
múltiples riesgos (no letales estos), en la aplicación
de esta perspectiva. Trataré de identificar algunos de ellos.
Me gustaría iniciar por el riesgo de hipostasiar el concepto
de "saber". Como el concepto de "episteme", o en otro contexto el
de "totalidad", la noción de saber representa un enorme reto
para la labor de reconstrucción historiográfica. Su
alcance explicativo muchas veces confunde el trabajo de recolección
de información y sobre todo el análisis de esta; en
esas condiciones aparece la tentación de contener un vasto
y variado conjunto de procesos históricos y sus registros
empíricos, en una de esas categorías conceptuales,
concediéndole no sólo fuerza explicativa sino fuerza
de acción omnipresente.
Otro
tipo de riesgo lo denominaría "reduccionismo metodológico".
En tanto que la forma de construcción de los escritos de
Foucault no fue pensada con criterios didácticos tradicionales,
existe la preocupación en algunos medios por comprender los
instrumentos de trabajo. Al respecto no habría que llamarse
a equívocos con el opúsculo "La arqueología
del saber", pues este representa ante todo el esfuerzo de su autor
por corregir rumbos, para dirigirse hacia su período decisivo:
el genealógico; estas características suponen para
el no iniciado, la reconstrucción meticulosa y crítica
del período "arqueológico" y el subsiguiente. Además,
esas perspectivas críticas suponen una seria confrontación
con otros sistemas de pensamiento antagónicos, con el propósito
de contribuir al esclarecimiento de las deficiencias de la contribución
de Foucault, pues de lo contrario se trataría de un razonamiento
circular e incestuoso. Pienso, por ejemplo, en la necesidad de confrontar
los planteamientos de Foucault con los aportes de la buena historiografía
contemporánea, en cada uno de sus temas de estudio: la sexualidad,
la prisión, la arqueología de las Ciencias Humanas,
para enriquecer la precisión de algunas de sus apreciaciones.
Desde el punto de vista técnico, esta confrontación
sirve para examinar algunas deficiencias en el señalamiento
de períodos, selección y crítica de fuentes,
formas de exposición, entre otros aspectos.
La
tentación del reduccionismo metodológico puede conducimos
a una nociva sobresimplificación, por vía de la elaboración
de prontuarios, vocabularios u otras estrategias perniciosas, que
inhibirían o desviarían la indispensable confrontación
sobre los métodos y las técnicas. ¿Acaso la aplicación
de la genealogía de los saberes en el campo pedagógico
debe pasar necesariamente por el tamiz del reduccionismo metodológico?
Conectado
con el anterior identifico otro riesgo, esta vez mayúsculo,
desde el momento en que se obvie el análisis profundo de
la posición de Foucault. Para el historiador de la educación
y para los lectores de esa información, resultaría
de vital interés ubicar en el terreno de las tendencias del
pensamiento contemporáneo el aporte de este autor. A la luz
de su última producción (los volúmenes n y
m de la Historia de la Sexualidad) aparecen en primer plano los
problemas de la ética. Es necesario recordar que el contenido
de estos dos volúmenes representa un cambio significativo
respecto a lo propuesto en el volumen I "La voluntad de saber".
En tanto que ese primer volumen continúa impregnado por el
desenmascaramiento de las formas de poder, circulando por las instituciones
(razones que lo condujeron a otra excursión metodológica
- antes fue la " Arqueología del saber"-), ahora se trata
de llegar a la problematización de las normas que rigen la
acción de los individuos, por medio del análisis de
las "techniques de soi", con lo cual se detecta en su trabajo una
"reubicación" del papel del sujeto, del papel de la voluntad
de los sujetos.
Ahora
bien, si la argumentación de los trabajos de Foucault mantiene
de manera permanente una apreciación crítica de los
fundamentos de la modernidad, a un punto tal que desde distintos
ángulos se enfoquen los defectos de la forma de ser en la
modernidad, es necesario asumir las implicaciones de esta postura
en lo que tiene que ver con la construcción de la vida colectiva
en las instituciones, que en este sentido sería equivalente
a la vida en grupo o en sociedad.
Una
valoración radicalmente negativa de los fundamentos de la
modernidad, podría autorizar prácticas extremistas
de acción institucional. Sobre este tópico considero
de indispensable valor la confrontación de Foucault con otras
posiciones acerca de los aportes de la Modernidad (y es en ese sentido
que prefiero entender la advertencia procedimental de Foucault cuando
decía: "el poder construye").
Para
el historiador de la educación interesado por el significado
y las expresiones de la vida institucional, algunas de estas preocupaciones
podrían ser de interés, en el propósito de
comprender cabalmente cuáles son las implicaciones de sus
"casorios" conceptuales y metodológicos, a fin de evitar
el innecesario vanguardismo protagónico y asumir - como corresponde
- frente al público y frente a sí mismo la honestidad
y la responsabilidad del intelectual.
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